B Capital desde adentro
- 24 nov 2016
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De la moda siempre me ha encantado el detrás de escena, ese mundo de ajetreo, personas corriendo de un lado a otro, diseñadores en su mayor nivel de estrés, fotógrafos tratando de capturar a las modelos en su estado más espontáneo, improvisaciones que tratan de parecer planeadas; todo esto, con el fin de que los que se encuentran del otro lado, puedan deleitarse y premiar a sus ojos con lo que ven. Un universo que ya no es tan desconocido gracias a plataformas como Instagram y Snapchat que nos permiten ver lo que la gente está haciendo en tiempo real, y todos sabemos que en esta industria hay bastantes fans de las redes sociales. Sin embargo, aunque muchos de estos insiders traten de mantenernos constantemente actualizados, siempre va a haber algo de misterio, y no es igual mirar a través de la pantalla que tener una de esas escarapelas “all access” viviendo la experiencia de primera mano.
Nunca había tenido la oportunidad de estar en el backstage de ningún desfile o evento de moda, siempre había estado del otro lado del “telón”, hasta el pasado octubre, que trabajé en el evento que organiza Inexmoda en Bogotá: B Capital.
A las 3:50 de la tarde llegué con un grupo de la universidad al Centro Creativo de Textura, el lugar donde se ha realizado por dos años consecutivos. Nos recibió la persona encargada del backstage, una mujer de estatura baja, pelo corto y ondulado, toda vestida de negro; tenía un manos libres en la oreja, de esos que dicen a los cuatro vientos: “soy una persona ocupada y si me necesitas trata de seguirme el paso”. Mientras nos llevaba a nuestro lugar de trabajo, nos iba explicando todo lo que debíamos hacer, al mismo tiempo que nos mostraba el lugar y nos contaba qué pasaría en cada uno de sus rincones, parecía que sus palabras estuvieran sincronizadas con el ritmo de su caminar; por fortuna yo siempre he caminado rápido, tal vez porque desde pequeña sabía que iba a trabajar en moda. Ya cuando nos acercábamos al lugar de donde sale la magia pasamos por el espacio donde serían los desfiles, ahí se encontraba una mujer arrodillada al frente de una columna, cosiéndole a ésta una tela plisada blanca, logrando crear una escultura abstractamente espectacular. Esta mujer era Kika Vargas, preparando personalmente el set para su puesta en escena, titulada “A Tempo” y yo, siendo su fan, supe que quería ese “desfile”.

Finalmente llegamos al exclusivo lugar, donde si no tenías una escarapela, los hombres de negro no te dejaban entrar. Era como pasar a otra dimensión: luces, luces y más luces. Las del lugar, mas las de los espejos, mas las de los reflectores, mas las de los flashes. Aparte de esto, estaban las y los modelos, que tenían su luz propia, cientos de ellos rondando por ahí, seguidos por maquilladores, peluqueros, y unas horas más tarde, por la prensa, bloggers, familiares y amigos, entre otras personas que seguramente ya habían puesto una foto de su pase backstage en cada una de sus redes sociales. Mientras nos daban algunas instrucciones de lo que debíamos hacer, una de las encargadas le dijo a la mujer del manos libres que iba a necesitar tres personas para trabajar con ella, en ese momento, sin saber para qué las necesitaba, paré de poner atención a lo que le decían al resto del grupo, puesto que tenía el presentimiento de que yo debía ser una de esas tres personas, e inmediatamente me puse a su disposición. Muchas veces tengo un sexto sentido para, sin tener mucha información, saber qué es lo que más me va a gustar o que más me conviene, y nuevamente tuve razón: ahora trabajaría para la obra de Kika Vargas.
Rodeada de estampados, plisados, colores y el olor al plástico de Melissa, empecé a organizar las prendas y zapatos de cada salida, dividiéndolas en actrices, modelos y bailarinas. Éste es un momento crucial, ya que si algo queda donde no es, todo se descontrola. Al momento de vestirlas, acordarse de sus caras y de sus roles era importante, por simples detalles como que todos los zapatos tenían cintas pero sólo los de las bailarinas debían tenerlas, entonces tocaba cortárselas a las personas indicadas. De Kika me impresionó su tranquilidad, ella sabía que todo estaba bajo control, se le veía confianza en lo que estábamos haciendo y si estaba nerviosa o estresada no lo demostraba.

Al día siguiente, fui nuevamente afortunada al tener la pasarela de Olga Piedrahita para Arkitect, una colección que trataba de democratizar la vanguardia de la moda colombiana, llevándola a un público más amplio, con precios más accesibles. La organización de éste desfile era impresionante, tanto Olga como Danielle, su hija, con su equipo de trabajo tenían todo perfectamente calculado, a nosotros lo único que nos tocó hacer fue vestir a las modelos. Esta tarea no es tan fácil como parece. Cada vestuarista tenía una modelo con hasta tres salidas, pero cada salida tenía prendas totalmente diferentes, con zapatos distintos y sólo teníamos unos segundos para vestirlas antes de que tuvieran que volver a salir. Sin mencionar lo altas que son todas ellas, y lo bajitas que somos nosotras, además de tener que cuidar el peinado y maquillaje para que se mantuviera impecable. El trabajo en este desfile me gustó aún más que el del día anterior; había más movimiento, más adrenalina, y la forma en que las diseñadoras se preocupaban por cada detalle era increíble. Antes de que la modelo saliera pasaba por nosotras las vestuaristas, luego por una de las del equipo de la marca, luego por Danielle y luego por la misma Olga, cada una de estas personas revisaban que todo estuviera bien.

Aunque sólo trabajé en el backstage de estos dos desfiles, todo el evento en general estuvo muy bueno y la experiencia de ver lo que pasa "detrás de escena" no la cambiaría por nada. A pesar del ajetreo, la ropa se ve de cerca y más detenidamente, con la mejor iluminación; es posible ver todos los detalles, detalles que pierden protagonismo en la pasarela con la rapidez en la que pasa la modelo y con todo lo que se quiere observar en tan poco tiempo, de esa forma, se aprecia más el trabajo del diseñador, que es más valioso de lo que uno se imagina. Si me me pusieran a escoger mil veces entre estar afuera o en backstage, mil veces escogería vivir B Capital desde adentro.
A continuación te dejo 3 tips para sobrevivir un trabajo en backstage:
Ten paciencia. En estos eventos casi todos, sea cual sea su trabajo, están tratando de que todo salga perfecto, es por eso que van a estar estresados y sabemos que en momentos de estrés cualquier cosa puede pasar. Trata de mantener tu cordura y ten paciencia con todos y con todo.
Prepárate para todo. Por más que te hayan contratado para un trabajo específico ten la disposición de hacer cualquier cosa, lo que más se necesita en estas ocasiones es colaboración y buena actitud.
Abre tu mente para aprender. En marcos como B Capital vas a encontrar a personas de casi todas las ocupaciones que la industria de la moda ofrece, y seguramente los mejores en cada una de ellas, así que ten tu mente abierta y disponte para observar y aprender de todos ellos.

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