Las modelos en la década de los 70
- 2 dic 2016
- 2 Min. de lectura
Buenas tardes mis queridas,
Otra vez es viernes y nos volvemos a encontrar. Cómo me gustaría que vieran la manera en que a las 4 de la tarde salgo casi corriendo del lugar en el que estoy para llegar lo más rápido posible a casa, cambiar los apretados jeans negros por unos pantalones de pijama gigantes que si salto se me caen, pero que me hacen sentir en el lugar más cómodo del planeta, ponerme los audífonos que son tres veces del tamaño de mis orejas y las envuelven en su propia cueva, con el piano de Yann Tiersen transportándome a París. Finalmente, inhalo con los ojos cerrados el humo del té de jengibre, menta y canela para que el olor me llegue al cerebro y me inspire para empezar a escribirles.
Hoy vengo a hablarles de un tema que aunque no lo crean es parecido a lo que les acabo de contar: el periodo de los años 70 y las modelos con su descanso de la vanidad.
Hubo una época, en los 60, en los que primaba la opulencia; todo lo excéntrico tenía el primer puesto en la mente de las personas, sobre todo cuando de moda se trataba. Sin embargo, al llegar la nueva década hubo un cambio drástico, la industria necesitaba un descanso, un momento de calma, de tranquilidad y fue así como la ropa empezó a ser más portable, más fresca. Al pasar del maximalismo a lo natural, los cánones de belleza también cambiaron. Tanto los diseñadores como los consumidores pedían mujeres más accesibles, más reales, modelos con las que se pudieran relacionar fácilmente. Fue así como tomaron protagonismo Lauren Hutton, Jerry Hall, Gia Carangi, Patti Hansen, Iman, entre otras, quienes compartían una característica muy particular, daban la impresión de ser personas reales, con vidas normales pero a la vez tenían el lado de espectacularidad, codeándose con estrellas de cine y de rock o en su defecto siendo una de ellas. Estas modelos convertidas en celebridades tenían un reto muy grande y era darle a las pasarelas o a las editoriales ese toque de emoción que le faltaba a la ropa que lucían. Claramente eso era algo que estaba dentro de ellas ya que pertenecían a la generación de Studio 54, la generación de la extroversión. Los fotógrafos como Helmut Newton y Guy Bourdin empezaron a retratar a estas, sus musas, en escenarios de decadencia, peligro y hedonismo. Cada vez fue más estrecha la relación entre los mundos del arte, la moda y el entretenimiento. Ya en los años 80 la moda y la belleza volvieron a cambiar, la gente tuvo un tiempo de descanso y era hora de volver al otro extremo. Fue ahí cuando ante la necesidad de algo descomunal, junto a las hombreras extremadamente grandes y las cinturas considerablemente ajustadas llegaron las supermodelos.











Comentarios